A estas horas ya es conocido por todo el mundo: Fujimori ha sido extraditado por la justicia chilena. Todos están hablando de los procesos, de las consecuencias y de lo que le espera al extraditado. En este post me referiré, sin embargo, a ese enfermizo encono que tienen algunos renombrados agentes de la blogósfera peruana. Dos botones como muestra: El toledista Juan Sheput y el popular "ojitos lindos" César Vásquez Bazán, ex ministro de Economía del primer régimen aprista.El afiebrado Juan Sheput, reclamaba desde su bitácora que se politice el proceso de extradicción; ¿qué buscaba con ello? Que se estropee el proceso para luego seguir con su plan II: Se le "tendrá que exigir cuentas al gobierno de García por esta omisión, que no respeta el interés de la Nación". Mal intecionadamente, en otro post había escrito este sujeto: "Hugo Otero, amigo íntimo de Alan García, fue denunciado por la prensa chilena por hacer presiones traidoras a la causa peruana ante autoridades sureñas para que Fujimori no sea extraditado". Como ven ustedes no hay ningun elemento racional sustentado en indicios objetivos que mueven los pensamientos de este ex ayudante de Toledo, sujeto acostumbrado a las alfombras del poder que hoy extraña desde su afiebrada esquina.
Por su lado, César Vásquez, aquel sujeto que César Hildebrandt llamó "fantasma horroroso" del pasado, no disimula en su bitácora su delirante antialanismo, patológico y alucinante. En un post, Don Cesar, acusaba a la Corte Suprema de Chile de "estar conformada por jueces que, con total impunidad, acosaron sexualmente a mujeres durante años", por lo que, aseguraba en otro artículo, "nuestro país sufrirá así un nuevo vejamen por obra de la magistratura pinochetista, la cual habría decidido no aprobar la extradición del dictador Fujimori" y elevando a la categoría de verdad posteaba una caricatura para justificar su patología alanista: "García Pérez declarando que a Fujimori no se le tocará ni con el pétalo de una rosa".
Así piensan los grandes pensadores de la blogósfera peruana, a los cuales a todos ellos, la justicia chilena les ha dado una sonora bofetada en pleno rostro, pero estoy seguro que los sinverguenzas seguirán leales a sus afiebradas y genéticas patologías.
